Soneto L (50)

Cuan pesado viajar el camino
cuando lo que buscas, —fin del agotado viaje,
enseña lo que el alivio y el reposo dicen:
¡Las millas, desde mi amigo se miden!
.
La bestia que me lleva, cansada con mi pena,
avanza tediosa de cargar este peso mío
como si por algún instinto la pobre comprendiera
que su peso no gusta la prisa cuando ti se aleja.
.
La sangrante espuela tampoco la provoca
cuando a veces mi cólera sobre su piel se clava,
pesada responde entonces con un gemido
más afilado para mí que la urgente espuela.
.
Porque hasta este mismo gemido me dice:
a mi dolor persigo, de mi alegría me alejo.

Comentario:
Cuan pesado viajar el camino. La distancia pesa y duele, se llama ausencia. Este y el próximo soneto se unen en el tema de la separación provocada por un viaje que el poeta debe hacer, que en tiempos de Shakespeare debía ser a caballo, porque las condiciones del camino hacía la ruta difícil en carruaje. Posadas para el descanso y un buen caballo que permitiera avanzar unas 25 millas diarias era lo usual. Cada milla acerca la pena, aleja la alegría.

 

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