Soneto XLIII (43)

Cuando estos ojos se cierran es cuando mejor veo
Pues todo el día ven lo que no tiene mérito;
Mas cuando duermo, en sueños te miran
Y brillan a oscuras, rayos son que en lo oscuro guían.
.
Entonces tú, cuya sombra a sombras hace brillar,
¡Cuánto podría la forma de tu sombra iluminar
El clarísimo día con tu luz aún más clara,
Cuando para ojos que no ven así tu sombra brilla!
.
¡Cuánto podrían, —digo yo—, ser bendecidos mis ojos
Si mirarte pudieran durante el despierto día,
Cuando en la noche plena tu sombra imperfecta y bella
A través del pesado sueño, a ojos sin vista se muestra!
.
Todos los días son ver noches hasta que te veo
Y las noches días brillantes cuando te muestra un sueño.

Comentario:
El soneto 43 está pleno de opuestos que se miran a la cara: ver y no-ver, día y noche, brillo y oscuridad, sombra y realidad.
La visita de la sombra de las cosas, cuando las cosas mismas están lejos, refiere al tema de la ausencia.  La ausencia de las personas que amas. El 43 se conecta con los próximos 9 sonetos para constituir un ciclo que llamaremos Poemas de ausencia (43 – 52, excepto 49)
Sombra, sustancia, forma y sueños son parte de la maquinaria de la caverna de Platón, que es ésta en donde ahora estamos yo escribiendo y usted leyendo, desde donde “vemos” un mundo que creemos “real”, pero que no lo es, pues el mundo real nos es desconocido, oculto por estas sombras de la realidad. En resumen, lo que vemos son las sombras de las cosas sobre la pared de la caverna, no las cosas mismas. Para Platón, las “formas reales” son “esencias” que solo pueden ser vistas por los “ojos de la mente”, que sí pueden ver.
El tema de la dualidad sustancia-forma era popular en la época isabelina, y se reflejaba plenamente en su literatura. Con este soneto entramos al mundo de los sueños que es tan real para el poeta como el mundo de ausencias del cual quiere escapar. No es una metáfora.
El pareado final nos cuenta cómo los días devienen noches y las noches, días. El orden natural se invierte y confunde, y es esto lo que es real para la mente, lo que termina siendo lo real.
Unos seiscientos años antes de la escritura de este soneto, en el nacimiento del siglo X, el poeta y sabio Ibn Hazm de Córdoba de origen andalusí escribió un tratado sobre la naturaleza del amor, “empedrado de composiciones elegantes y refinadas” (ver Wikipedia), de influencia neo-platónica: El collar de la paloma.
Aquí se lee:
«La sombra del amante
viene por la noche a visitar
a quien le había amado antes.
.
No dormiría el amante
si esta visita
no esperase.
.
¿Os admira que una sombra venga
a la hora en que todo
se envuelve en sombras?
.
¿No sabéis que ella ilumina
con luz sobrenatural
que la negrura de la noche disipa?»

 

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