Soneto XLII (42)

Que la tengas a ella, no es toda mi pena,
aun se puede decir que la amé tiernamente;
Que ella te tenga a ti es mi primera queja,
una pérdida de amor que me toca más cerca.
.
Me agravian ustedes, pero aun así los salvo:
tú alardeas de ella porque sabes que la amo
y por mi bien ella a mí me daña, y mi amigo
sufre por mi bien aprobándola a ella.
.
Si te pierdo, mi pérdida es de mi amor ganancia
y perdiéndola a ella mi amigo encuentra esa pérdida;
Ambos se encuentran y yo a ambos pierdo
y por mi bien ambos me cargan esta cruz.
.
Pero, he aquí lo dulce: mi amigo y yo somos uno;
Entonces a uno ella ama, y ese uno soy yo solo.

Comentario:
Último de la trilogía sobre la traición. El poeta al final todo lo justifica y “entiende”, cumple con la tradición de dejar bien al ser amado, aunque no sin sabor amargo. Humor para cerrar y hacer como si nada pasó.
A partir del próximo soneto viajaremos profundo a la caverna desde donde Platón diseñó su mundo de Ideas.
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