Soneto XXXVIII (38)

Pensando en Ale, mi hija.

¿Cómo puede mi musa inventar tema
Mientras tú alientas y mi verso asaltas
Con tu dulce argumento, demasiado alto
Para cada vulgar papel que intento?
.
Helás, date a ti las gracias si algo
Por mí escrito ante tu vista se levanta;
Porque, ¿dónde está el tonto que no escriba
Cuando la invención a sí misma se ilumina?
.
Sé tú la décima musa, diez veces más valiosa
Que las nueve que los que hacen rimas imploran;
Y a aquel que te invoca, a ese, deja lo inmortal,
Eternos versos que vivan más allá de las eras por llegar.
.
Si mi musa ligera place a estos severos días,
La herida sea mía, tuya la rima.

      Andrea Mantegna, Parnassus (detalle)
Comentario:
Crear la décima musa no es poca cosa, para luego pedir lo que entonces es derecho:
A aquel que te invoca, a ese, déjale lo inmortal,
lo que vivirá más allá de las eras por llegar.
La décima, la diez veces más valiosa. Eres tú. 
Este soneto pertenece al ciclo La juventud como fuente.

 

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