Soneto XXXI (31)

Tu pecho enriquece con los corazones
que yo, porque faltan, supuse ausentes;
Allí reinan el amor y del amor sus partes,
junto a aquellos amigos que no están presentes.
.
¡Cuántas divinas lágrimas ha robado
en tributo este religioso amor de mis ojos
a afectos que, ahora compruebo, no habían
desaparecido, estaban solo en ti escondidos!
.
Donde estés viven ocultos mis amores
junto a los trofeos de mis amantes idos,
pues de ellos te di todas las claves;
Tuya es ahora esa deuda de tantos:
.
Las imágenes que amé las veo en ti.
Así tú, todas ellas, tienes el todo de mí.

Comentario:
El poeta recuerda a amigos que ya no están, al amor que guardaron entonces, a sus amantes partes. Es nostalgia pura por un dorado pasado. Ahora, sin embargo, cae en cuenta que todo aquello lo encierra el corazón único y actual del amigo, en donde viven los amores que creía perdidos. El poeta des-invistió su pasado y lo invistió de nuevo en este objeto de su actual amor. Al hacerlo todo el pasado perdido, o incluso muerto, se “materializa” en el nuevo objeto, regresa por la fuerza de la imaginación, que lo es todo. El pareado final:
Esas imágenes que amé y que veo en ti,
y tú —todas ellas—, que lo tienes todo de mí.

 

 

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