Soneto XXV (25)

Deja que aquellos que favorecen las estrellas
luzcan títulos altos, público honor y orgullo,
mientras yo cuya fortuna se aparta de tales triunfos
me agrado con aquello que más glorifico.
.
Los favoritos solo abren sus bellas alas
como la caléndula, cuando los ve el sol;
Y en ellos mismos su orgullo se apaga
porque una mala cara en su gloria los mata.
.
Al probado guerrero, famoso en la pelea,
después de mil victorias, una vez vencido,
rápido lo sacan del libro del honor y todo
por lo que fue contado ahora es del olvido.
.
Entonces feliz yo, que amo y soy amado
en donde cambiar no puedo, ni ser cambiado.

Comentario XXV:
La Fortuna se cansa de llevarlo a uno a sus espaldas, escribía Gracián.
Este es el tema aquí. La Fortuna ama cambiar de casa. No entregarse siempre al mismo. Incluso los grandes guerreros caen un día, sus victorias se olvidan, el olvido borra los nombres y lo que parecía honor ya no lo parece. 
La caprichosa Fortuna no ha cambiado sus gustos, pues aún hoy vemos a los muy grandes del poder caer muy bajo, sea en política, sea en negocios, sea en imagen. En todos los ámbitos. Así como vemos ascender de pronto muy alto a otros, viniendo de muy bajo. Y aunque a menudo parezca justa la caída o el ascenso, no siempre lo es. La justicia no parece ser un centro de atención en Natura, como sí parece serlo la rotunda Necesidad. El hombre es capaz de iniciar o de ser parte de un curso de acción, pero no es dueño de sus resultados.
La tela se va tejiendo hasta que el nudo es inevitable, acertijo sin solución para esa estirpe, esa familia, ese hombre; para esa institución, para esa sociedad, para esa civilización. Sea para bien o para mal. Es el destino según la magnífica visión de la Tragedia, tal como la recibimos de la antigua Grecia. 
Entre los afortunados de ayer y de hoy existe el tipo breve, los que el éxito recibe y despacha muy rápido que comenta el poeta en este soneto. Es el tipo “caléndula”, los que brillan cuando los ve el sol y a los que una mala cara descompone. Son mayoría, quizás por esto el maestro los inmortaliza mencionándolos en este soneto. 
Él, el poeta, es feliz porque piensa que ni puede cambiar ni ser cambiado. En este soneto está seguro de que ama y es amado, y de que esto será por siempre.

 

Don Miguel de Cervantes
Nuestro poeta, William Shakespeare, coincidió en el día de su muerte con el creador de la novela como genero literario, Don Miguel de Cervantes. El 22 de abril, pero del año 1616 nos dejaron ambos. A éstos los astros les fueron favorables. 
La Inglaterra Isabelina se regía por el calendario Juliano, España se regia por el calendario Gregoriano. Entonces ese 22 de abril equivalía al 3 de mayo. En resumen, murieron ambos maestros el mismo día pero en diferente fecha, según los calendarios que regían a cada reino. 
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