Soneto XXIV (24)

Mis ojos juegan a pintar las formas
de tu belleza en el recuadro de mi corazón,
mi cuerpo es el marco que la contiene,
y la perspectiva el más fino arte del pintor.
.
A través del artista debes ver su destreza
para hallar en dónde vive la imagen tuya más cierta,
la que, en mi tienda, amor, todavía cuelga
y que a través del cristal de tu mirada se observa.
.
Ve qué bien comercian unos ojos y otros:
los míos dibujan tu forma y los tuyos, para mí,
son vitral de mi pecho, por donde el sol
disfruta asomarse para admirarte, solo a ti.
.
Pero aun los astutos ojos quieren ver crecer su arte
porque ellos dibujan, pero lo que ven el corazón no lo sabe.

Comentario:

Seguimos en medio de océanos de (relativa) paz. Hasta el soneto XXXII. 
Este texto se considera uno de los más tortuosos de la edición de 1609, en el cual la destreza mental se confunde con la opacidad del lenguaje. Los comentaristas aceptan la posibilidad de errores de impresión. La forma de la belleza seria la forma que el amigo ve reflejada en los propios ojos del poeta, en miniatura. Como a través de una ventana, siendo la ventana sus propios ojos. El proceso es reciproco en el poeta, por supuesto. Es fácil extraviarse en el camino.
En tiempos de la reina Isabel había una fascinación por la perspectiva como arte del pintor. El pintor desarrollaba una imagen distorsionada que, al ser vista por un pequeño agujero de un lado, se “normalizaba”.

Imagen de Eduardo VI en la National Portrait Gallery, London
Imagen de Eduardo VI “normalizada”, vista a través de un agujero a la izquierda.
Mas fácil ver, que explicar la vista. El asunto es que probablemente lo que llamamos “realidad” y que está “allá afuera”, no es lo que nuestros sentidos perciben y traen hasta nosotros, “aquí dentro de cada uno”. Nuestro maestro manejaba esta duda fundamental de la teoría del conocimiento y supo utilizarla brillantemente para viajar profundo en las oscuridades de la psique humana. 
Un conjunto importante de veintiún (21) sonetos amplían este divertido y peligroso comercio que debe librar el corazón con los ojos y el resto de los sentidos, como “informadores de la realidad”. En 137, 141 y 148 el maestro de algún modo resume y condensa este juego de intereses y sus consecuencias sobre la conducta (152).
En Venus y Adonis, magistral poema cima de la literatura erótica universal, de nuevo Shakespeare juega a mostrar cómo este comercio-guerra en efecto ocupa permanentemente nuestros cinco sentidos e invade la psique, y cómo el dios Eros, el mas poderoso de los antiguos dioses, elabora sus apasionantes tramas en medio. 

 

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