Soneto XXII (22)

Mi espejo no me persuadirá de que soy viejo
mientras la juventud y tú no lo sean;
Pues cuando las ondas del tiempo en ti observo,
anticipo a la muerte empujando hacia el final mis días.
.
Porque toda esa belleza que ahora te viste
no es más que ropa tallada en mi corazón,
que vive en tu pecho, como el tuyo en el mío;
¿Cómo puedo entonces yo ser mayor?
.
En adelante, amor, se cauto hacia ti mismo
como lo soy yo contigo, y no conmigo;
Gobierna tu corazón, que he de proteger tanto
como la tierna nodriza al bebé protege del llanto.
.
De tu corazón cuando el mío muera no presumas;
El tuyo es mío, y a tu pecho no volverá nunca.

Comentario:
El amor entre estos amigos alcanza un clímax que podría incomodar a algunos oídos.
En la perspectiva de Michel de Montaigne sobre la amistad, sin embargo, podemos tener algo cercano a aquella relación en donde existe amor entre iguales, cuando entre estos iguales tiende a no existir de por medio voluptuosidad, ni competencia, ni el provecho, ni ningún interés público o privado, sino el solo placer de compartir lo bueno y lo útil, y, por tanto, lo bello. En nuestro caso sabemos que había diferencias sociales insalvables, y es difícil obviar los varios y densos momentos eróticos que hemos leído. Podrían no reinar las condiciones de la amistad que propone el maestro Montaigne. 
Es una perspectiva que, en todo caso, puede ayudar a entender la relación entre humanos sensibles, cultos e inteligentes, cuando entre estos se establecen lazos de verdadera amistad, porque estamos ante un profundo y especial momento de la historia del corazón.
El numero 22 tiene resonancias importantes, porque los múltiplos de 11 ejercían fascinación sobre la época y sobre Will. Así, los sonetos 77 y 88 se adentran en el futuro, el 66 renuncia al mundo todo, el 55 se distancia grande del tiempo. Aunque 33 y 44 parecen decir nada, probablemente solo no hemos aun caído en cuenta de qué. Sobre el 99 hablaremos luego. Gustavo Falaquera sugiere en su traducción de los sonetos, que “multipliquemos las once silabas del endecasílabo por los catorce versos del soneto y ¿qué nos da?, 11 x 14 = 154. No parece casual.” Son las 154 piezas que componen esta obra. 

 

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