Soneto XIX (19)

Tiempo voraz, redondea las garras del león,
haz a la tierra devorar sus propios dulces retoños;
Al fiero tigre, de la ansiosa mandíbula arranca el colmillo
y al fénix, de larga vida, en su sangre quémalo;
.
En tu vuelo, crea alegres y penosas estaciones;
Cuanto se te antoje haz, Tiempo, ligero de pies,
sobre el ancho mundo y sus dulzuras, que se disipan.
Mas, por encima de todo este crimen atroz te prohíbo:
.
No te atrevas a surcar con tus horas la frente del mío,
ni dibujes líneas ahí con tu insano lápiz antiguo;
A él a tu paso, déjalo intacto, como modelo
de belleza para los que aún no han llegado.
.
Al fin, haz lo peor, Tiempo. No importa.
Mi amor en estos versos vivirá joven y eterno.

Comentario:
Control (casi) total de la situación. El maestro prohíbe primero y  deja luego al tiempo hacer cuanto quiera. No podrá contra estas líneas. El cambio de actitud ya venía anunciándose. 
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