Soneto XII (12)

Cuando veo el reloj que dicta el tiempo
y al claro día en noche ciega cambiado;
La violeta que pasó su mejor momento
y el cabello negro antes, ahora plateado;
.
Cuando veo los árboles sin sus hojas
que hurtaban antes del calor a los rebaños,
y con barbas rudas y canas el verano
ahora sobre carros transportado;
.
Entonces sobre tu belleza me pregunto
pues entre ruinas de tiempo debe ir
adonde gracias y encantos se abandonan
y mueren tan rápido, como crecer ven a otras.
.
Contra el Tiempo y su hoz nada defiende
salvo un hijo para retarlo cuando por ti llegue.

Comentario:
El inmenso 12 que, en compañía del 60, el soneto del minuto, y del 52, apuntan el dedo a la cara del tiempo, y le hablan de igual a igual.
Los dos primeros miran al reloj y su tic-tac que no para. El 52 refiere las fiestas anuales y se conecta porque 52 semanas son un año. Estamos frente al muy generoso tiempo, que gratuitamente se nos obsequia hasta que un día, ese día, deja de presentarse. Punto. El tema del tiempo tal como nos lo legó Horacio. 
El maestro probablemente dispersó estos tres textos de esta forma para darle significado a la ubicación, para jugar, para divertirse creando acertijos para nosotros, lectores del futuro. Retó a la eternidad reservando ubicaciones únicas, que ni aun el tiempo que todo lo cambia podrá cambiar, porque son parte de Él mismo. Mas de 400 años han pasado desde entonces. Shakespeare aquí nos muestra, en la acción (no en el soneto), un arma más efectiva que el hijo para la batalla contra el destino: el trabajo del poeta, la poesía.
Al leer el XII en el original, las terminaciones de los versos sugieren el tic-tac del reloj, o el péndulo con su ir y venir que, a su vez, recuerda el movimiento de la curva guadaña y su soplo que va y viene, y que menciona en el pareado final. Nos encontramos en medio de la perfección.
El segundo cuarteto nos habla de los árboles, soberbios gigantes. Son bellos porque a su presencia majestuosa agregan la bondad y la utilidad: proteger del calor a los rebaños. Así la belleza, para ser completada, requiere ser bondadosa y útil, no basta con su exterior. Es eso lo que nos dice. 
En el tercer cuarteto el poeta teme por la inevitable caminata del amigo, que entre ruinas de tiempo será. 
Remata el pareado final con una petición que ya conocemos, excepto que, aunque el soneto se planta firme en la batalla contra el aguerrido deshacedor que es el tiempo, después de leer el XII, no dejamos de recordar a Homero, quien sentía similares a los hombres y a las hojas de los bondadosos árboles, que dan sombra y que el verano arranca. 

 

El verano en carros transportado

Soneto XII, versión de  Mariano de Vedia y Mitre, nuestra preferida:

Cuando oigo el reloj que da la hora
Y veo al día ya en la noche hundido;
La violeta que pronto se desflora
Y el oscuro cabello emblanquecido;
.
O sin hojas los árboles que antes 
Formaban un dosel para el ganado,
Y el verdor del estío cual colgantes
Barbas blancas en carros transportado;
.
Entonces temo yo por tu belleza 
Al estrago del tiempo sometida; 
Pues lo bello a menguar muy pronto empieza,
Y muere mirando a otros ganar vida.
.
Mas la hoz del tiempo no podrá vencerte,
Si lo retas con hijos a tu muerte.

 

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