Soneto II (2)

Cuando cuarenta inviernos sitien tu frente
y caven trincheras en el campo de tu belleza,
tu juvenil orgullo, admirado siempre,
será dilapidada capa; objeto de poca estima.
.
Y cuando pregunten adónde tanta belleza se fue,
adónde tantos tesoros de los voluptuosos días,
decir: —En el fondo de mis hundidos ojos están,
sería devoradora vergüenza y descuidada cortesía.
.
Cuánto más digno sería el goce de lo que es bello
si dices: —Suma a mi cuenta este niño,
prueba de mi paso y excusa de mis años.
¡Y por sucesión su belleza la tuya sería!
.
Sería como nacer de nuevo siendo viejo,
sintiendo la sangre caliente, cuando la sabes fría.

Soneto II, WS

Comentario: 
El primer cuarteto evoca al futuro y el segundo al pasado. Al tiempo nada lo detiene en su acción, y nos damos cuenta de ello cuando dejamos de entusiasmar, cuando extrañamos la valía con la que nos admiraban jóvenes, cuando la frente muestra 40 trincheras (rastros de las batallas) y los labios cuelgan.
Quejarse luego es tarde y penoso, hay que engendrarse ahora: heredar la propia belleza a otro que viene, ahora, no esperar. Trascender de esta forma (a través del hijo) es de algún modo vencer al tiempo a través de otro, es como sentir caliente lo que está frío.
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