Soneto LXIX (69)

Aquellas partes de ti que ve el ojo del mundo
en nada quieren que el corazón las mejore.
Todas las lenguas, voces de las almas, lo dicen,
pues es verdad pura que hasta el rival admite:
.
A tu exterior, admiración exterior lo corona;
Pero esas mismas lenguas que te dan lo que es tuyo,
con otro tono confunden el elogio, viendo
más allá de lo que se ha mostrado al ojo.
.
Miran en la belleza de tu alma
y conjeturan que se mide por tus maneras;
Entonces (rudos) sus pensamientos, aunque sus ojos agraden,
a tu flor añaden de las hierbas lo que apesta.
.
¿Pero, por qué tu olor no iguala a lo que muestras?
Simple respuesta: compartes el mismo suelo con otras.

Comentario:
Dejamos el tono servil y adulante previo. La belleza, que es lo que se muestra, esconde una condición moral interna que es superior, y los que la admiran se confunden. Nada es lo que parece superficialmente. El pareado final parece apuntar a una especie de “contaminación” que insufla un  mundo cuya imperfección quedó bien inventariada en los sonetos anteriores. 

 

Anuncios
Minientrada | Publicado el por | Etiquetado , , | Deja un comentario

Soneto LXVIII (68)

Su mejilla es el mapa de aquellos días
cuando la belleza vivió y murió como ahora las flores,
antes de que nacieran estos signos de bastardía
que se atreven a ocupar la tibia frente de los de ahora,
.
Antes que las trenzas doradas de los muertos,
derecho de los sepulcros, fueran cortadas,
para vivir en segunda cabeza una segunda vida,
en donde hacen la alegría de otros, engañadas.
.
En él se ven esas horas antiguas y sagradas 
sin ornamento, tal cual, verdaderas,
sin hacer veranos con verdes de otros,
ni robar de lo viejo para vestir lo nuevo.
.
Y a él Natura lo guarda como a un modelo
para mostrar al falso arte lo que fue bello.

 
Robert Devereux, segundo conde de Essex, por Marcus Gheeraerts el Joven
Comentario:
Este y el anterior son sonetos indivisibles e inolvidables.
Los cosméticos embellecen artificialmente, sin embargo, si no tratamos con lo que es superficial, ¿qué nos queda para tratar? ¿existe algo que no sea superficial, que no sea imagen, no mas que representación?
Dependiendo de cómo se tome, hay algo que puede resultar decepcionante en este asunto. Más allá del tema de la belleza superficial, que es cosmético, ¿está el ser humano facultado para tratar con la esencia de las cosas, que sería lo no-cosmético? Son preguntas que subyacen en este ciclo de los sonetos.
Adicionalmente, en este soneto hay una crítica a lo que era usual bajo el reino de Elizabeth y su entorno (cortar y preparar las trenzas de los muertos para adornar las propias cabezas vivas), y la cercanía del maestro a estos círculos podía suponer riesgos. La primera edición de estos sonetos apareció en 1609, cinco años después de la muerte de la reina. En aquel tiempo la censura era más bien generosa, pues se castigaba a los autores después de publicar y no antes. Es decir, lograban publicar. 
Es posible que estos sonetos fuesen escritos en 1603, bajo el reinado de James I, en cuyo caso los tiempos de oro serían los de Elizabeth, y no otros. O los malos tiempos serían los que corresponden a la rebelión de Essex y a su caída y encarcelamiento, si fueron escritos en vida de la reina. El Conde de Essex era querido por el pueblo llano, Southampton muy cercano a Essex y, se sospecha, Southampton era el joven aristócrata a quien se dedican la mayor parte de los sonetos de 1609.
Está, además, aquella desafortunada entrada del Conde de Essex a la cámara de la reina, mientras su majestad era vestida por sus doncellas, y sus demasiado canos cabellos se mostraban en privado a quienes estaban autorizadas a estar presentes. Essex fue decapitado a los 33, Elizabeth tenía 67 años, edad en la que se precisa echar mano a todos los trucos de belleza que critica el maestro en estos sonetos. Aquí todo conspira para hablarnos de malos tiempos.
En ocasiones se sugiere que la reina era descaradamente manipulada por los Cecil (padre e hijo), sin embargo, probablemente no lo era más que lo que ella misma decidía serlo. Vayamos por partes: ¿qué hombre o mujer de poder no es manipulado mucho o poco por alguno o muchos? Pensamos que es muy ingenuo responder a esta pregunta: —ninguno, pues todos lo son. Es inherente al poder, no necesariamente un déficit del individuo.
William Cecil había acompañado a la reina por varias décadas, asistiéndole en asuntos de estado; era sin duda un hombre confiable para ella. Esto dicho, debe añadirse que era un hombre brillante, con enorme poder político y que, por principio religioso, odiaba el teatro y las letras en general. Su hijo Robert no parece haberse quedado atrás. La reina, al contrario, amaba el teatro y la poesía. 
Sea este argumento a favor de la inteligencia estratégica de una reina a quien un Rey de España, cuatro reyes franceses y ocho Papas, cada quien en su propio turno, adversó. Y esto sin contar los conflictos de intereses con personajes internos al reino.
En fin, hay belleza en la suma de todos estos eventos, en perspectiva. La belleza que la irrepetible concurrencia de los tantos cursos de acción, una vez consumados, agrega, y que ahora se muestra ahí parcialmente, para nuestro deleite. Herodoto, Plutarco y Montaigne, sonríen.
Minientrada | Publicado el por | Etiquetado , , , , , , , , , , | Deja un comentario

Soneto LXVII (67)

¿Por qué en medio de la peste debe vivir
y al vicio agraciar con su presencia?
¿Y que el pecado, gracias a él alcance 
ventajas y en su sociedad se enlace?
.
¿Por qué con pintura falsa imitar su mejilla
y robar sus maneras vivas de las ruinas?
¿Por qué la torcida belleza busca sombras
de rosa cuando su rosa es tan cierta?
.
¿Por qué con Natura en bancarrota vive ahora,
ebria Ella de sangre para maquillar vivas venas?
Pues porque no tiene ahora más tesoro que él,
y orgullosa de lo mucho, vive de las rentas.
.
A él Ella lo almacena, para mostrar cuánta riqueza tuvo 
en días del remoto pasado, antes de estos, tan malos.

Comentario:
El 67 y el 68 hacen un par, dentro de un grupo mayor constituido por 66—70, en donde se discute la corrupción universal y su inevitable influencia sobre las personas y cosas que existen. Solo que ahora habla una tercera persona que, habiendo escuchado las quejas del poeta en 66, interviene con sus comentarios y análisis. ¿Cómo es que la perfecta belleza continúa siendo entre tal corrupción, y que, con su presencia, apoye tal estado de cosas?
Este poema, comenta G. R. Ledger, puede ser leído cambiando todas las referencias a la segunda persona del singular sin pérdidas importantes. Quizás el poeta quiso poner las críticas en boca de otro. La aristocracia de entonces utilizaba maquillajes y adornos para realzar su real belleza, cabellos humanos prestados de los muertos incluso, como veremos en 68.
Natura, ebria de sangre, también sabe vivir de las rentas, está en bancarrota. Todo lo entregó al amigo:
¡Ah! Natura lo almacena para mostrar cuánto tenía
en días del remoto pasado, antes de estos, tan malos.
Esos días remotos pueden hacer referencia a una edad de oro, como en Hesíodo, por ejemplo, o al propio pasado reciente del poeta, puesto frente a los días presentes del maestro, tan desafortunados, con el conde de Southampton en prisión, golpes de estado en curso, hambrunas, desastres naturales, peste.

 

Minientrada | Publicado el por | Etiquetado , , , , | Deja un comentario

Soneto LXVI (66)

Harto de todo, pido la paz de la muerte:
De mirar al mérito mendigar desde siempre
y ver crecer la nada indigente,
y a la más pura fe infeliz traicionada,
.
y al honor ver humillado y mal puesto,
y a la temprana doncella violada,
y a la recta perfección torcida,
y a la fortaleza por influjos, sin aliento,
.
y a la maestría susurrar ante la autoridad,
y a la ignorancia controlar al talento,
y a la simple verdad por simple descartada,
y al bien complacer al mal, de este cautivo:
.
Harto de todo esto, de todo quisiera huir,
salvo que dejo a mi amor desolado al morir.

Comentario:
El maestro hace un inventario de las corrupciones y deshonestidades usuales del ser humano. En 14 versos queda plasmada la historia de la humanidad, el manejo del poder en todas sus presentaciones. Ni el mérito ni el valor propio garantizan el éxito, que depende más de las cuerdas que se pulsan y de cómo se pulsan detrás de lo que parece ser. El poeta está harto y se queja, salvo que nada de todo esto es suficiente para abandonar lo que se ama. El amor triunfa. 
El 66 ha sido adaptado con éxito a fines políticos de todos los colores: en Alemania influyó los movimientos sociales y políticos a la caída del muro de Berlín. Traducido por Boris Pasternak y con música de Shostakovich fue himno en la antigua URSS, en donde el Ministerio de la Cultura lo elogiaba por “profetizar los abusos del capitalismo” (¡!) Mas tarde fue popular en la Yugoeslavia de Tito y también gustó en la nueva Croacia. En fin, es obvio que el poeta pulsó las cuerdas correctas.
El maestro supo ubicar bien este soneto en la obra, siendo el 66(6) el número de la bestia, asociado a la corrupción universal que el ser humano ha sabido administrar con eficiencia. Connotaciones bíblicas presentes:
“Todo ser humano tiene la marca,
o el número de su nombre…
y este número es seis cientos sesenta y seis.”
Revelación, 13. 16-18
Todos la tenemos. La marca. Atención con los que dicen no tenerla y vienen a corregir las cosas.

Ben Jonson (c. 1617), by Abraham Blyenberch

 

Minientrada | Publicado el por | Etiquetado , , , , , , , | Deja un comentario

Soneto LXV (65)

Ya que ni bronce ni piedra ni el mar sin límites,
salvo el olvido, aumenta su poder,
¿Cómo ante esta rabia se plantará la belleza
Que como la acción de la flor es ligera?
.
¿Y cómo la miel del verano, su aliento,
detendrá las horas y su furioso asedio 
cuando ni las duras rocas son sólidas,
ni las puertas de acero, pues todo declina?
.
¡Alack! ¡Terrible pensamiento!,
¿Podrá la preciada joya huir del tiempo?
¿Qué recia mano detendrá el rápido pie?
¿Quién evitará que arrase con lo bello?
.
¡Nadie!, a menos que un milagro ocurra
y en negra tinta brillen estas líneas.

Comentario:
¿Cómo lo que es bello sobrevivirá a la mano ruda del tiempo? 
¿Cómo lo que es solo aliento se plantará ante la decadencia
Minientrada | Publicado el por | Etiquetado , , | Deja un comentario

Soneto LXIV (64)

Cuando veo las manos del tiempo deshacer 
orgullosas riquezas de edades pasadas;
Cuando en ocasiones veo torres arrasadas 
y esclavo bajo rabia mortal el bronce eterno;
.
Cuando veo al océano y a su hambre tomar
ventaja sobre la arena del reino de la playa;  
Y a la tierra firme ganar ancho mar, compensando
ganancias con pérdidas, y pérdidas con ganancias;
.
Cuando tales cambios de estado veo 
o al imperio mismo del poder caer confundido,
tales ruinas me murmuran: —El tiempo viajará
con tu amor a un lugar de donde no es posible regresar.
.
Esta idea es como la muerte, que elección no tiene,
excepto llorar por tener ahora lo que perder se teme.

Comentario 64:
El trabajo decadente del tiempo sobre las cosas es aquí la idea, de antecedente bíblico. El tema es universal. La capacidad de la poesía para inmortalizar lo que toca con su aliento, tiene ecos en la cultura greco-latina. Horacio: 
Un monumento me alcé
Más duradero que el bronce,
Más alto que las pirámides
De regia, fúnebre mole. (4)
Uno que ni el Aquilón
Ni aguaceros roedores
Vencerán, ni cuantos siglos
Rápido el tiempo amontone. (8)
.
Yo entero no moriré:
Gran parte de mí a los golpes
Vedada está de la Parca;
E irá creciendo mi nombre, (12)
Fresco entre coros de aplausos
De nuevas generaciones,
Mientras haya ojos que miren
Al augusto sacerdote (16)
Y muda vestal, subiendo
Al capitolio del orbe.
.
Yo, si bien de humilde cuna,
Seré proclamado noble, (20)
En el yermo donde al cabo
Dauno reinó entre pastores,
Y donde el violento Aufido
Al mar estruendoso corre. (24)
.
Lo seré porque el primero
Fui yo quien al duro albogue
Del latino arrancar supe
Eolios líricos sones. (28)
Préciate pues Melpómene,
Y mis cabellos tu mano
Con lauro délfico adorne.
Horacio, Odas III. 30,
A Melpómene.
Traducción por Rafael Pombo.

 

Minientrada | Publicado el por | Etiquetado , , , , , , | Deja un comentario

Soneto LXIII (63)

Contra que mi amor sea como yo ahora,
consumido, contra el piso, preso por el tiempo
y su mano ruda, cuando la hora su sangre
seque y su frente trace con marcas y surcos,
.
Cuando su juventud primera baje al cielo
de occidente y todas aquellas bellezas
de las que ahora es rey, se desvanezcan,
robando el tesoro que hubo en primavera,
.
Para tal momento ahora me fortifico
para que el perplejo cuchillo de la edad,
aunque su vida se lleve, nunca corte
de la memoria su dulce belleza.
.
Su gracia vivirá en estas negras líneas;
Ellas pervivirán y él, siempre, en ellas.

Comentario:
Después del ataque de soberbia del soneto 62, el poeta gana equilibrio y apunta a lo que es en realidad trascendente. Este soneto y los próximos dos se unen en el tema. En 63 y 65 es el vuelo del poeta lo que infunde lo inmortal, en 64 hay lagrimas por el destino absoluto de lo que es mortal y tiene que perderse.
Al frente tenemos al Tiempo, como fuerza individualizada que acaba con ciudades y hombres, con monumentos y con todo, de este lado el aliento del poeta, la afilada pluma sobre el papel.
Las mismas palabras de apertura se encuentran en 63 y en 49, que son números de peso en el mundo de Elizabeth, números críticos. La reina sobrevivió a su año 63 para dejarnos en su siguiente año “climatérico”, el 70.
Minientrada | Publicado el por | Etiquetado , , | Deja un comentario

Soneto LXII (62)

Enfermo estoy de amarme a mí mismo:
mi alma, ojos y de mi cuerpo cada parte.
Y para este mal no hay remedio,
tan profundo en mi habita el daño.
.
No hay rostro, pienso, más gracioso que el mío,
ni forma mejor, ni verdad tan grande,
y mi propio valor valoro
por encima de todos los otros.
.
Pero cuando me muestro al espejo
y veo surcos y estigmas de antigüedad,
entonces mi amor a mí lo leo a la inversa
y entiendo que amarse a sí mismo es perverso.
.
Es a ti, a mi través, a quien alabo,  
pintando mi edad con la belleza de tus años.

Comentario:
Estas son aguas turbulentas. De pronto se agitan y son tormenta, de pronto se calman otra vez y son desierto. No hay paz para quien está allí dentro.
Minientrada | Publicado el por | Etiquetado , , | Deja un comentario

Soneto LXI (61)

¿Es tu deseo mantener mis pesados parpados
abiertos frente a la noche cansada?
¿Que mi quietud se rompa mientras sombras
que te simulan engañan lo que veo?
.
¿Es tu espíritu lo que envías desde
donde estas lejos a vigilar mis actos?
¿A encontrar vergüenzas y horas indolentes
a la medida y tenor de tus celos?
.
No, tu amor, aunque mucho, no es tan grande, 
Es el mío que mantiene mi ojo despierto;
Mi propio puro amor que mi descanso vence
para ser por siempre el guardián de tus actos.
.
Por ti yo vigilo, mientras tú compartes vela
en lugar lejano, con otros, demasiado cerca.

Comentario:
El análisis de los celos comenzó en 57 y continua en 58 y 61, quedando el 60 en medio como pieza de relojería. Las traiciones continúan. Los celos continúan.
Minientrada | Publicado el por | Etiquetado , , | Deja un comentario

Soneto LX (60)

Como las olas hacia la costa de roca
así nuestros minutos se apuran hacia su fin,
cada uno cambiando lugar con el que vino antes;
Se baten unos con otros en laborioso trajín.
.
Al principio un mar de luz nos recibe
y ungidos hacia la madures venimos.
Una vez aquí, nos enfrentan torcidos eclipses
y el Tiempo la confundida entrega desdice.
.
Contra la juventud el Tiempo dispara
y ahonda surcos sobre la hermosa frente,
se alimenta de los prodigios que Natura exhibe
y nada queda en pie, solo la hoz que poda.
.
Mi verso cantando tu valor quedará por siempre,
poco importa cuán cruel su mano el tiempo extienda.

Comentario:
Meditación sobre la condición mortal. Apenas el valor del amigo sobrevivirá en estas líneas al trabajo de Tiempo (con mayúscula, aquí representado como una fuerza, con individualidad propia, como Natura)
Minientrada | Publicado el por | Etiquetado , , | 1 Comentario