Soneto LXIV (64)

Cuando veo las manos del tiempo deshacer 
orgullosas riquezas de edades pasadas;
Cuando en ocasiones veo torres arrasadas 
y esclavo bajo rabia mortal el bronce eterno;
.
Cuando veo al océano y a su hambre tomar
ventaja sobre la arena del reino de la playa;  
Y a la tierra firme ganar ancho mar, compensando
ganancias con pérdidas, y pérdidas con ganancias;
.
Cuando tales cambios de estado veo 
o al imperio mismo del poder caer confundido,
tales ruinas me murmuran: —El tiempo viajará
con tu amor a un lugar de donde no es posible regresar.
.
Esta idea es como la muerte, que elección no tiene,
excepto llorar por tener ahora lo que perder se teme.

Comentario 64:
El trabajo decadente del tiempo sobre las cosas es aquí la idea, de antecedente bíblico. El tema es universal. La capacidad de la poesía para inmortalizar lo que toca con su aliento, tiene ecos en la cultura greco-latina. Horacio: 
Un monumento me alcé
Más duradero que el bronce,
Más alto que las pirámides
De regia, fúnebre mole. (4)
Uno que ni el Aquilón
Ni aguaceros roedores
Vencerán, ni cuantos siglos
Rápido el tiempo amontone. (8)
.
Yo entero no moriré:
Gran parte de mí a los golpes
Vedada está de la Parca;
E irá creciendo mi nombre, (12)
Fresco entre coros de aplausos
De nuevas generaciones,
Mientras haya ojos que miren
Al augusto sacerdote (16)
Y muda vestal, subiendo
Al capitolio del orbe.
.
Yo, si bien de humilde cuna,
Seré proclamado noble, (20)
En el yermo donde al cabo
Dauno reinó entre pastores,
Y donde el violento Aufido
Al mar estruendoso corre. (24)
.
Lo seré porque el primero
Fui yo quien al duro albogue
Del latino arrancar supe
Eolios líricos sones. (28)
Préciate pues Melpómene,
Y mis cabellos tu mano
Con lauro délfico adorne.
Horacio, Odas III. 30,
A Melpómene.
Traducción por Rafael Pombo.

 

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Soneto LXIII (63)

En contra de que mi amor sea como yo ahora,
consumido, contra el piso, preso por el tiempo
y su mano ruda; cuando la hora su sangre
seque y su frente trace con marcas y surcos;
.
Cuando su juventud primera baje al cielo
de occidente y todas aquellas bellezas
de las que ahora es rey, se desvanezcan,
robando el tesoro que hubo en primavera.
.
Contra ese tiempo ahora me fortifico
para que el perplejo cuchillo de la edad,
aunque su vida se lleve, nunca corte
de la memoria su dulce belleza.
.
Su gracia vivirá en estas negras líneas;
Ellas pervivirán y él, siempre, en ellas.

Comentario:
Después del ataque de soberbia del soneto 62, el poeta gana equilibrio y apunta a lo que es en realidad trascendente. Este soneto y los próximos dos se unen en el tema. En 63 y 65 es el vuelo del poeta lo que infunde lo inmortal, en 64 hay lagrimas por el destino absoluto de lo que es mortal y tiene que perderse.
Al frente tenemos al Tiempo, como fuerza individualizada que acaba con ciudades y hombres, con monumentos y con todo, de este lado el aliento del poeta, la afilada pluma sobre el papel.
Las mismas palabras de apertura se encuentran en 63 y en 49, que son números de peso en el mundo de Elizabeth, números críticos. La reina sobrevivió a su año 63 para dejarnos en su siguiente año “climatérico”, el 70.
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Soneto LXII (62)

Enfermo estoy de amarme a mí mismo:
mi alma, ojos y de mi cuerpo cada parte.
Y para este mal no hay remedio,
tan profundo en mi habita el daño.
.
No hay rostro, pienso, más gracioso que el mío,
ni forma mejor, ni verdad tan grande,
y mi propio valor valoro
por encima de todos los otros.
.
Pero cuando me muestro al espejo
y veo surcos y estigmas de antigüedad,
entonces mi amor a mí lo leo a la inversa
y entiendo que amarse a sí mismo es perverso.
.
Es a ti, a mi través, a quien alabo,  
pintando mi edad con la belleza de tus años.

Comentario:
Estas son aguas turbulentas. De pronto se agitan y son tormenta, de pronto se calman otra vez y son desierto. No hay paz para quien está allí dentro.
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Soneto LXI (61)

¿Es tu deseo mantener mis pesados parpados
abiertos frente a la noche cansada?
¿Que mi quietud se rompa mientras sombras
que te simulan engañan lo que veo?
.
¿Es tu espíritu lo que envías desde
donde estas lejos a vigilar mis actos?
¿A encontrar vergüenzas y horas indolentes
a la medida y tenor de tus celos?
.
No, tu amor, aunque mucho, no es tan grande, 
Es el mío que mantiene mi ojo despierto;
Mi propio puro amor que mi descanso vence
para ser por siempre el guardián de tus actos.
.
Por ti yo vigilo, mientras tú compartes vela
en lugar lejano, con otros, demasiado cerca.

Comentario:
El análisis de los celos comenzó en 57 y continua en 58 y 61, quedando el 60 en medio como pieza de relojería. Las traiciones continúan. Los celos continúan.
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Soneto LX (60)

Como las olas hacia la costa de roca
así nuestros minutos se apuran hacia su fin,
cada uno cambiando lugar con el que vino antes;
Se baten unos con otros en laborioso trajín.
.
Al principio un mar de luz nos recibe
y ungidos hacia la madures venimos.
Una vez aquí, nos enfrentan torcidos eclipses
y el Tiempo la confundida entrega desdice.
.
Contra la juventud el Tiempo dispara
y ahonda surcos sobre la hermosa frente,
se alimenta de los prodigios que Natura exhibe
y nada queda en pie, solo la hoz que poda.
.
Mi verso cantando tu valor quedará por siempre,
poco importa cuán cruel su mano el tiempo extienda.

Comentario:
Meditación sobre la condición mortal. Apenas el valor del amigo sobrevivirá en estas líneas al trabajo de Tiempo (con mayúscula, aquí representado como una fuerza, con individualidad propia, como Natura)
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Soneto LIX (59)

Si nada hay nuevo, salvo lo que ha sido,
Cómo se engaña el cerebro que,
En su afán por crear, tolera mal
Cargar otra vez lo que una vez fue niño.
.
¡Oh, que un registro pueda llevarme atrás
Al menos quinientas vueltas de las del sol
Y me mostrara tu imagen sobre un libro antiguo,
Cuando la mente devino letra por vez primera!
.
Y pueda yo ver cómo el viejo mundo
Decía la maravilla que compone tu figura;
Si hemos sido reparados, o si ellos eran mejores,
O si, después de dar vueltas a igual sitio se llega.
.
Que los ingenios de aquellos días
A sujetos inferiores aplaudían, estoy seguro.

Comentario:
Los comentaristas opinan que puede haber aquí, en el primer cuarteto, una referencia a la practica isabelina de hacer que nobles de alto rango presenciaran los partos reales para evitar que un niño ilegitimo fuese introducido, si algo iba mal.
En todo caso, es un travieso soneto que pide retroceder 500 vueltas de las del padre Sol para verificar si hemos sido reparados, o si somos mejor que aquellos cantando la belleza, o si siempre estamos en el mismo lugar a pesar de tantas revoluciones. En fin, la historia de la humanidad. 
El maestro quiere regresar al momento cuando por vez primera, la mente devino letra.
Lo único seguro:
…los ingenios de aquellos días
a sujetos inferiores aplaudían.
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Soneto LVIII (58)

¡Quiera nunca ese Dios, el que me hizo tu esclavo,
Hacerme controlar tu momento y placer, ni aun a ratos,
Ni con mis dedos llevar cuentas de tus horas de ocio
Siendo yo, tu vasallo, quien debe garantizar tu antojo!
.
Oh, déjame sufrir estando a tu paso
La cautiva ausencia de tu libertad;
Y sepa mi paciencia, en tolerancia entrenada,
Sobrellevar tu injuria sin quejas ni jaques.
.
Ve adonde quieras, tu garantía es tan fuerte
Que puedes tú mismo privilegiar tu tiempo,
Hacer lo que desees; a ti pertenece incluso
Perdonar el crimen que te hagas a ti mismo.
.
Yo espero, —aunque esperar sea un infierno,
sin quejarme de tu placer, sea justo o enfermo.

El pareado final resume bien el clima enfermizo que ronda estos sonetos 57 & 58:
Yo espero, aunque esperar sea un infierno;
Sin quejarme de tu placer, sea justo o enfermo.
Ver comentario 57.

 

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Soneto LVII (57)

Siendo tu esclavo, ¿qué he de hacer sino servir
Los momentos que ordene tu deseo, y sus horas?
Yo nada tengo de precioso tiempo para gastar,
Ni deberes pendientes, hasta que tú lo requieras.
.
Al mundo no me quejo por la hora que parece sin fin
Cuando yo, soberano de mí, vigilo el reloj por ti,
Ni pienso en lo amargo de la amarga ausencia
Cuando a este servidor dices adieu;
.
Ni me atrevo a preguntar con mi celoso pensamiento
Adónde puedes estar, en qué supuesto asunto;
Sino que como triste esclavo ahí estoy y nada pienso,
Salvo en dónde estás, en cuánto haces feliz a otros.
.
Tan cierto es que el amor es tonto, que tu Will,
(Has tú lo que sea) él, no pensará mal de ti.

Comentario:
Este soneto recuerda el vasallaje del 26. El sometimiento es completo, irracional y sin límites. El amante es un déspota, que abusa de su poder, que es total. El amado le hace el juego. Algo enfermizo recorre estos sonetos (57 & 58) Paralelamente se respira una rebelión en embrión, ironía se respira, un tono burlón incluso detrás de líneas. Quien haya probado de esta tortura psicológica algunas gotas, seguramente podrá sentir mejor la tensión psíquica que aquí está en juego, y disfrutarla sin envidia. Imaginamos al maestro y a sus amigos leyendo en alta voz (dramáticamente) este 57 y divirtiéndose, mientras beben del vino greco-latino.
El adieu que cierra el segundo cuarteto nos recuerda a Jacques Brel y uno de los textos que conozca más sometidos al sentimiento que expresa el maestro:
No me dejes
No voy a llorar más
No voy a hablar más
Yo me esconderé ahí
.
A mirarte
Bailar y sonreír
Y a escucharte cantar
Y después reír.
.
Déjame devenir
La sombra de tu sombra
La sombra de tu mano
La sombra de tu perro…
.
Pero no me dejes.
Escondido, déjame devenir la sombra de tu sombra, de tu mano, de tu perro. Esto es descender comme il faut.

 

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Soneto LVI (56)

Perfecto amor, renueva tus fuerzas,
no se diga que tu filo mella más allá
que el apetito que, aliviado hoy por alimento,
a su temprana forma mañana afilado regresa.
.
Así amor, se tú; aunque hoy tengas colmados
tus ávidos ojos hasta parpadear completos;
Mañana mira de nuevo y no condenes
el espíritu del amor a un hastío perpetuo.
.
Deja a este triste intervalo ser como el océano
que separa la playa, en donde dos novios
acuden a diario; entonces, cuando ven
regresar el amor, más dichosa es su visión.
.
O llámalo invierno que, lleno de cuidados,
hace único, tres veces más deseable el verano.

Comentario:
De nuevo la desdibujada línea que consigo trae el peligro del hastío. El límite de los límites, en donde los ávidos ojos dejan de ver lo que era lo más deseado y voltean por sentirse saciados, o por no entender que eso también pasa, o porque algo torcido desde siempre en el carácter humano le hace sentir atracción por lo “no tan seguro”. El lobo que acuesta la hermosa cabeza y descansa mientras mira la línea allá lejos, no es así. Excederse es tan fácil…  
Deja a este triste intervalo ser como el océano
que separa la playa, en donde dos novios
acuden a diario; entonces, cuando ven
regresar el amor, más dichosa es su visión.
Se sabe lo que se debe evitar, pero, por alguna humana razón, no es fácil evitarlo. Probablemente este es un asunto independiente de la razón y de la voluntad humanas, una lección que viene recta y eterna desde el reino de Dioniso. 

 

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Soneto LV (55)

Ni el mármol, ni de los príncipes los dorados
monumentos, sobrevivirán esta poderosa rima,
pues tú brillaras más contenido en estas líneas
que en la deslustrada roca por el tiempo teñida.
.
Cuando la ruinosa guerra derribe estatuas
y bravas raíces arruinen el granito,
ni Marte, su espada, ni batallas rápidas,
borrarán de tu memoria este registro vivo.
.
Contra la poda hostil y todo el olvido irás adelante;
y tu elogio encontrará espacio ante los ojos
de edades futuras que vendrán a este mundo,
más allá del tiempo y de su tarde.
.
Así, hasta que ante el juicio te presentes,
vivirás aquí y en los ojos de tantos amantes.

Comentario:
Ya es verdad sólida y establecida que ni el poder, ni el arrojo, ni la belleza tienen fuerza suficiente para pervivir, para detener la poda hostil del tiempo, que todo lo deshace, si el poeta no canta:
Así, hasta que de pie ante el juicio te levantes,
vivirás aquí y en los ojos de tus amantes.
Brindemos por Horacio, por sus monumentos más duraderos que el bronce, y pasemos al soneto 56.

 

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